Tyson Fury destrona a Deontay Wilder con golpiza

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(Tomado de la Red) En pleno febrero, Deontay Wilder y Tyson Fury ya protagonizaron una de las peleas de boxeo más destacadas de todo el año. En el MGM Grand de Las Vegas, un sitio ya mítico para el boxeo actual, el peleador británico de 31 años (31-1-0, 30 KO) se impuso por nocaut técnico en el séptimo asalto y le arrebató al norteamericano de 34 años (42-1-1, 41 KO) su cinturón del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

El primero en aparecer fue el retador, quien salió vestido de rey y llegó hacia al cuadrilátero sentado en un trono.

Luego fue el turno del campeón, optando por su aparición tradicional, vestido con una armadura brillante de color negro valuada en más de USD 60.000.

La tensión crecía a cada segundo y no se quitaron la vista en ningún momento mientras escuchaban al referee Kenny Bayless. Se notaba que ambos estaban dispuestos a demostrar con los guantes todo lo que habían dicho delante de los micrófonos pese a que el riesgo era gigante porque llegaban invictos en sus carreras y con todo para perder.

Sin embargo, al comenzar la acción, Tyson Fury no dio lugar nada. Cocinó la victoria desde el minuto cero. Comenzó bien ubicado en el centro del cuadrilátero y comandando la pelea ante un Wilder muy concentrado, sacando el jab abajo y golpeando con criterio. Esa fue la tónica de los primeros asaltos: The Gypsy King más activo y yendo al choque, logrando incluso mandar a la lona a The Bronze Bomber en el tercer asalto. El peleador norteamericano volvió a su rincón en ese asalto tambaleándose, con las rodillas flojas.

Wilder llegó a la mitad del combate muy herido, conmocionado, visiblemente abrumado por un Fury que salió a atacar sin cesar para quedarse con el combate. De hecho, el oriundo de Manchester volvió a mandar al estadounidense al suelo en el quinto round y le propinó varios golpes potentes al cuerpo en el sexto. Hasta aprovechó un clinch sobre las cuerdas para sacar la lengua a las cámaras y así exponer su superioridad con su extravagante estilo.

En el séptimo asalto llegó el final. Tyson Fury ya tenía a Deontay Wilder en el bolsillo. Lo conectó con su puño izquierdo para agravar aún más su malestar y luego con su derecha le puso punto final a una pelea que siempre fue suya.

Este es el gran combate que sus fanáticos estuvieron esperando mientras él estuvo casi tres temporadas fuera del deporte sumergido en los vicios y los excesos. Es el evento que todo el mundo esperaba desde aquel diciembre de 2018 cuando su velada ante Wilder finalizó con un empate en las tarjetas (113-113 / 115-111 para Wilder / 114-112 para Fury).

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